Cultura por tacto y oído

Hace unos años, y gracias al lanzamiento del libro de Claudio, “Puede ser un buen día”, conocimos Barcelona por primera vez. El viaje duró una semana, días en que junto a las actividades de promoción de Claudio, tuvimos tiempo para hacer algo de turismo… ¡obviamente! En este periplo turístico, y junto a los imperdibles de la ciudad, visitamos la Fundación Miró, donde hay una muestra permanente del artista español.

Más allá de la impresión que me causaron las obras de Miró –que me encanta- esta visita siempre la he recordado como mi primera aproximación a lo que hoy podría definir como “cultura accesible”.  Ese día, al pasar por la taquilla de pago, la encargada se acercó a Claudio y le ofreció un par de guantes blancos, sumados a una sencilla explicación: “si al ser ciego no puedes ver las obras, entonces puedes tocarlas”. Y así fue como Claudio, con sus guantes blancos, conoció, por tacto, las esculturas y tapices de Joan Miró.

Recuerdo y cuento esta historia pues hoy -y afortunadamente- ya no me parece una experiencia tan aislada como cuando la vivimos. Este último tiempo, y también en este blog, he podido conocer otros casos en que el ingenio, la tecnología o la simple voluntad, permiten acercar la cultura y la entretención a quienes no cuentan con la totalidad o plenitud de sus sentidos. Sólo en el caso particular de la ceguera o discapacidad visual, por ejemplo, hay experiencias de magia para no videntes, exposiciones artísticas en braille, o  películas en formato de audio descripción… las que han convertido a Claudio en mi principal fuente de recomendaciones fílmicas para este verano.

A esta línea quisiera sumar hoy este post… aunque quizás no por su objetivo principal, pero sí su efecto colateral. Vamos a ver…

Hace ya unos cuantos meses conocí a través de un correo electrónico de otro colaborador de este blog (gracias Pato) el proyecto “Biblioteca sonora de la dramaturgia chilena”, iniciativa encabezada por Mauricio Barría, dramaturgo y académico de la Universidad de Chile y desarrollada en el marco del Centro Teatral de Investigación y Documentación del Departamento de Teatro Facultad de Artes de la mencionada Casa de estudios.

El proyecto de la biblioteca sonora rescata cinco obras del teatro chileno, escritas entre 1875 y 1920 –de gran impacto en sus épocas de creación, pero desconocidas en la actualidad-, reviviéndolas en formato radial, a través de montajes sonoros, con la participación de reconocidos actores y actrices nacionales (detalle en este link).

Sin duda, uno de los objetivos principales y explícitos de esta experiencia es aportar a la memoria de la dramaturgia nacional; aportar al desarrollo y conocimiento de la historia del teatro chileno. Sin embargo, este proyecto tiene otras consecuencias que acercan el teatro a la comunidad en una doble dimensión. Por una parte, su difusión: durante mayo las obras se transmitieron por radio y hoy están disponibles para su descarga gratuita en la web. Por otra, su formato de montaje sonoro –muy vinculado al tradicional y querido radioteatro- acercan el teatro a quienes no lo pueden ver, pero sí oír y sentir.  Cultura accesible… ¿qué mejor efecto colateral?

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