El Conductor Ciego: Insulto Final o Declaración del Hecho

por Gary Wunder
Publicado en la revista BRAILLE MONITOR Volumen 54, Número 3, marzo, 2011
 

(El artículo original está en inglés. Esta traducción circula en un lista de Tiflotecnología)


Ser ciego presenta muchos desafíos para la persona que tiene la intención de vivir una vida plena y normal, y llegar a donde uno necesita ir, cuándo él o ella desean ir allí, es más importante entre ellos. Pregúntele a cualquier persona ciega que le diga lo que es más difícil o irritante de ser ciego, y el transporte es probable que sea el número uno en la lista. Ya sea si una persona es ciega de nacimiento, o tuvo vista antes de quedarse ciego, el deseo de tener la independencia que la mayoría de las personas que conducen un coche disfrutan es universal. También ha sido la creencia de que no hay nada que podamos hacer al  respecto, corto de la restauración de la vista.

En el 2000, el Presidente Maurer nos pidió soñar acerca de lo que podríamos hacer a medida que juntos construíamos el Instituto Jernigan, el primer y único centro de investigación de la nación dirigido por y para los ciegos. Sugirió dos posibilidades.  Una de ellas sería una máquina de lectura de mano lo suficientemente  portátil como para que nos dejara leer imprenta llevando la máquina doquiera, y encontrando la imprenta doquiera. La segunda fue un coche que una persona ciega podría conducir.

Si bien la posibilidad de un lector de mano parecía remoto para muchos de nosotros que teníamos escaneadores, y computadoras de escritorio, y aún más remoto para aquellos que no podían pagar por la tecnología disponible a principios del siglo, por lo menos podíamos imaginar cómo el dispositivo podría funcionar, y la tecnología que podría utilizar. Pero este coche manejable por los ciegos era un estiramiento, un estiramiento muy grande, y, aunque todos deseábamos lo que prometía, nos mostrábamos reacios a comprometernos con el sueño. Tuvimos muchas razones para aplaudir el cambio que podría traer a nuestras vidas, pero nos agarramos con fuerza a nuestras reservas.
Por un lado, muchos de nosotros sabíamos lo que era que nos digan que un  día, en un futuro no muy lejano, la ciencia encontraría una manera para que pudiéramos conducir.  Tan lejos como puedo recordar, mis padres me llamaban para escuchar las  noticias que acababan de leer en el Kansas City Star que prometían la vista: un dispositivo para convertir las imágenes a audio; un dispositivo con una cámara de televisión y pinos vibrantes para hacer una foto en la parte posterior del cuello de una persona ciega; y, lo más prometedor, un implante que se conectara directamente al cerebro sin nada más intrusivo que un par de anteojos. Nuestra discusión de cada nuevo dispositivo concluía con la afirmación de la confianza de que “para cuándo tuviera dieciséis años, no cabía duda de que la ciencia encontraría una manera para que condujera.”

Eso fue fácil de creer a los seis años; fue emocionante a los ocho años; cuándo los diez años vinieron, yo todavía estaba esperando ansiosamente; cuándo los doce años llegaron, yo me sentía todavía optimista, pero nervioso; a los catorce años sabía que algo tenía que suceder de prisa, pero esos compañeros iban a la luna, así que quizás había todavía una oportunidad. Pero los dieciséis años vinieron, y la tecnología no lo hizo. Los dieciocho años vinieron, y con ello el derecho de voto, pero el coche estaba todavía para que otra persona lo condujera, y fue difícil  ver a mi hermano menor obtener la oportunidad que su hermano mayor debía haber tenido en primer lugar. Los veintiún años llegaron, y con ello las advertencias de no tomar y conducir, pero las advertencias no significaban nada para mí, excepto que no debería viajar con alguien que estaba tomado.

La mayoría de las personas ciegas que vivieron a través de mi experiencia  miraron a la tecnología disponible y se dieron por vencidos en el sueño. La conducción podría ser posible algún día, pero no se tomaba ninguno de
nuestros planes para el futuro contingente en ello. Conducir, ese sueño especial que tuvimos tan querido, pronto se convirtió en el ejemplo de las pocas cosas que una persona ciega no podía hacer, teniendo su lugar junto a pilotos de jet, y crítico de arte. Algunos de nosotros incluso pensamos que un pilotaje de avión, o la refundición de una pintura para que fuera comprensible a través del tacto sería más fácil que el acto de conducir un vehículo a toda velocidad en una calle llena de gente.

Así que, cuándo el Presidente Maurer nos pidió considerar un coche que la  gente ciega podría conducir, aplaudimos su actitud de “sí se puede”, le dimos elevado crédito por creer en nosotros como personas ciegas, y por tratar de ampliar la frontera de posibilidad de los ciegos, y nos dijimos a nosotros mismos que teníamos que ser realistas.

Nuestra experiencia decía que fuéramos cautelosos. Nuestros corazones decían, no lo hagan otra vez. Nuestro cerebro izquierdo dijo que el desafío de la conducción era demasiado difícil en tomar toda la información paralela requerida, a fin de mantener el rumbo, ver a otros conductores, y estar en guardia por el peatón; por lo que, le dijimos al Presidente Maurer que no debemos dedicar mucho tiempo y energía a este trabajo, y que nuestro tiempo estaría mejor invertido en cosas que parecían más alcanzables. Mientras que pudiéramos identificar los problemas en la educación, y la igualdad de acceso a la tecnología, y una tasa de desempleo del setenta por ciento para la gente ciega, podíamos evitar decir que creíamos que los ciegos nunca serían capaces de conducir, y que dudábamos de que los ciegos organizados podrían traer la invención para que fuera posible. Así que, construimos nuestra máquina de la lectura, y vimos como se transformó desde un dispositivo de mano de tres partes, a un lector en  nuestros bolsillos.

 Con su éxito, una vez más nos encontramos hablando de un coche que los ciegos podrían conducir. Habíamos hecho lo que la gente dijo que era imposible: Ayudamos a inventar una máquina que podíamos llevar doquiera que deseábamos, y leer la mayoría de lo que deseábamos leer, pero la confianza adquirida en esa aventura iba sólo hasta cierto punto. Poner una cámara encima de una página impresa no era tan desafiante como  dirigir a un vehículo de miles de libras a velocidades que demandan reacciones en fracciones de segundos.

Una vez más, el Presidente Maurer preguntó lo que pensábamos acerca del  desarrollo de un coche que las personas ciegas podrían conducir, y otra vez dijimos que pensábamos que otras cosas eran más importantes. Cuándo nos aseguró que cualquier cosa que hiciéramos para crear un coche manejable por los ciegos no sería a expensas de los esfuerzos que hacemos para garantizar una mejor educación, una mejor tecnología, y el aumento de empleo, pensamos dentro de nosotros mismos que habíamos llegado a un buen compromiso, y mordimos la bala. No le tuvimos que decir a nuestro más fuerte defensor y al hombre al que admirábamos profundamente que considerábamos eso más allá de las capacidades de los ciegos y de nuestra organización. En lugar de eso, podríamos decir al público que esto era algo en lo que estábamos trabajando, seguros de que esta pequeña pepita obtendría para nosotros alguna prensa sumamente necesaria, pero la mayoría de nosotros estaba seguro de los pocos recursos que se dedicarían a la idea de un vehículo que iba a morir una muerte lenta. Las personas que han vivido y recuerdan la década más famosa del siglo XX, en los años de los 60, vieron un claro paralelismo entre el desafío para enviar un hombre a la luna y el desafío de poner a un conductor ciego detrás del volante de un vehículo de motor. Antes de que la tecnología fuera el sueño, y antes de que el sueño pudiera ir más allá de las reflexiones y fantasías guardadas de forma segura por dentro, tenía que ser articulado en público por alguien valiente o bastante estúpido como para pensar que la posibilidad lejana podría convertirse en realidad. Al igual que el sueño, el progreso tecnológico continuó, y lo mismo ocurrió con el mensaje de que se iba a desarrollar un coche que podría ser conducido por los ciegos.

Aunque el coche manejable por los ciegos no siempre llegó a los informes  presidenciales, y a los discursos del banquete, todos estábamos conscientes de los esfuerzos de interesar a otros grupos que deseaban ver un cambio en la forma en que el mundo conduce. Las compañías de seguros desean coches que pueden ayudar a sus conductores a evitar choques. El ejército desea un coche que se puede conducir a través de territorio peligroso. A todos los fabricantes de coches les agradaría ser los primeros en presumir de una nueva tecnología para hacer que una experiencia de conducción sea más fácil y más agradable, y para todas las competiciones destinadas a cambiar la forma en que los estadounidenses conducen, estábamos allí y discutíamos nuestra idea de que un día habría un coche que los ciegos podrían conducir.

Con el tiempo, nos dimos cuenta de que, si bien la convergencia de estas  tecnologías podría contribuir a un coche que los ciegos podrían conducir,  esto tomaría nuestra participación directa para crearlo. Ese esfuerzo no podría ser una consecuencia derivada, no intencionada de algo que alguien  más deseaba; sino que tendría que ser algo que nosotros creamos ya que los ciegos lo deseaban y estaban decididos a hacer que esto sucediera.

Comenzamos a buscar socios que sabían sobre lo último en seguridad de autos, y de navegación, y los desafiamos a aprender sobre nosotros, y a que se unieran para construir el coche de nuestro futuro.

Virginia Tech, respondió al desafío, y con el trabajo de sus estudiantes innovadores, bajo la dirección del Doctor Dennis Hong, comenzamos a trabajar en el desarrollo de la interfaz que permitiría a una persona ciega conducir un coche.

Con el tiempo, el trabajo se convirtió en una promesa: una que nos hicimos a nosotros mismos, y una que hicimos públicamente y sin equívocos. Íbamos a desarrollar un coche que los ciegos podrían conducir, y lo íbamos a demostrar ante una multitud de decenas de miles. Con una fecha determinada y nuestras intenciones de difundirlo en el Internet, los canales de noticias por cable, y periódicos en todo el país, la cuestión no era si los ciegos realmente tratarían de hacerlo, sino que si iban a tener éxito.

El tiempo para la charla se había terminado; la prueba estaba a la mano, por lo que, los ciegos, cientos de nosotros, vinimos a Daytona, atreviéndonos a soñar, atreviéndonos a creer, y atreviéndonos a poner la integridad de nuestra organización en la línea para enviar un mensaje a todos los que deseaban escuchar: nosotros, la Federación Nacional de Ciegos, estamos preparados no sólo para identificar los problemas que enfrentan las personas ciegas, sino que estamos preparados para liderar el camino en el desarrollo de la tecnología para resolverlos.

La noche del viernes, del 28 de enero, aproximadamente trescientas personas se reunieron en el Hotel Plaza Ocean para prepararnos para nuestro tiempo en la pista, que sucedería en dieciséis horas. ¿Quién conduciría? ¿Cómo se seleccionaría a él o a ella? ¿Cómo llegaríamos al evento, en donde nos sentaríamos, y cómo podríamos saber lo que estaba ocurriendo en la demostración en progreso?

El Presidente Maurer, John Paré, y las verdaderas celebridades de la noche del fin de semana que siguió, Mark Riccobono, y Anil Lewis, respondieron a estas y a otras preguntas. El Presidente Maurer explicó que, en las semanas anteriores a este evento, cinco personas ciegas habían sido probadas con simuladores, y en los dos vehículos modificados con la tecnología que habíamos desarrollado. Él fue una de las personas que aprendió y fue puesto a prueba utilizando la tecnología. No obstante, no fue uno de los finalistas en el concurso para conducir el coche, porque esta decisión no se basó en la política, sino en la habilidad.

Hubo una serie de teorías acerca de quién tendría la ventaja de aprender a conducir con esta tecnología no visual. Algunos especularon que, ya que  habían tenido una vez la vista y habían conducido, que tendrían la ventaja. Otros pensaban que, habiendo sido ciegos de nacimiento, tendrían la ventaja en el aprendizaje y el uso de la interfaz. Resulta que ninguno de estos factores parece ser significativo, aunque la juventud puede haber desempeñado un papel: Mark Riccobono fue elegido para conducir el día 29 en Daytona, y Anil Lewis fue elegido como su seguridad adicional, o, como a Anil le gusta decir, nuestro seguro para asegurar que obtengamos cobertura de la prensa, asegurando que las cosas se desempeñarían sin problemas, y asegurar que habría un conductor dispuesto y capaz si Mark era incapaz de maniobrar nuestro vehículo, a través, de dar su vuelta de la victoria. Cuando Mark se dirigió al grupo, nos dijo que lo que iba a suceder mañana no era debido a la competencia de uno, sino la competencia de muchos. “No soy el enfoque: soy el representante de las miles de personas ciegas que creen lo suficiente como para que esto suceda”. Trayendo un poco de ligereza, Mark dijo: “Desde el anuncio, la gente me ha preguntado si estoy nervioso, y he dicho que no, pero hoy se me ocurrió que soy la única persona aquí que realmente puede meter la pata en las cosas. Ahora eso me pone un poco nervioso.”
En la mañana del sábado, siete autobuses se dirigieron hacia la pista de Daytona Speedway, y la emoción era evidente en cada conversación. “¿Qué cree que él está sintiendo en este momento?” “De cierto modo me encantaría ser Mark Riccobono, y por otra parte no me gustaría tener su trabajo de hoy por nada”.
Para asegurarnos de no perdernos el evento, la mayoría de nosotros llegamos a las 9:00 horas a la zona de aficionados, Sprint Fan Zone, y los Federacionistas se sentaron en primera fila, donde estábamos encargados de la Tribuna de la Federación. Una vez que sabíamos dónde sentarnos, la mayoría decidió utilizar las dos horas y media antes del Desafío del Conductor Ciego para explorar.

Esto era Daytona, una de las capitales de carreras del mundo; ¿Cuáles serían las posibilidades de que alguna vez volviéramos a verlo de nuevo? ¿No era todo el punto de esta aventura el demostrar que los ciegos estaban en movimiento? Un carnaval había sido creado a las afueras de la autopista con paseos; juegos; y, de especial interés para un servidor, un puesto de venta de churros, aunque los pasé por un desayuno saludable. La mezcla de gente fue emocionante. No era tradicional, que como siempre, un hombre ciego estaba en una multitud, pero tampoco era una convención de la Federación, donde todo el mundo utiliza un bastón o un perro.

Algunos visitantes quedaron fascinados con lo que estábamos haciendo en la pista, y estaban muy emocionados por nuestro vehículo, mientras que otros claramente estaban allí porque lo suyo iba a competir, y cuanto antes se iniciara mejor.

La expectación actual entre las personas ciegas no era sólo la demostración de venir, sino que lo que habían oído en la noche del viernes. Como un compañero de desayuno dijo, “Vine porque soy un jugador de equipo, y porque apoyo lo que hacemos, pero no creo que lo que estamos haciendo realmente se había conectado conmigo hasta que oí a Mark Riccobono hablar de la sensación que tenía cuando amarraron el cinturón de sus hijos, besó a su mujer, sentada en el asiento delantero, y tomó su lugar en el asiento del conductor para llevar a su familia a dar un paseo. Sé que no será mañana, o la próxima semana, o incluso el año que viene, pero considero que en ese momento empecé a ver la posibilidad real que esta iniciativa tiene de cambiar mi vida y las de otras personas ciegas”.

A medida que se acercaban las 11:30, regresamos a los tribunales para  escuchar como Kevan Worley se dirigía al público para explicar algunas de  las tecnologías. Le dijo a la multitud sobre la franja del asiento que se
utiliza para indicar si acelerar, ralentizar, o detenerse, y los guantes, o unidad de conducción, que sirve para proporcionar información, a fin de dirigir el coche. Si el coche debe ir a la izquierda, hay una vibración en la unidad de conducción, y hasta que punto el volante, y la medida de  dirección del timón debe girarse, lo cuál, se comunica por la intensidad de la vibración, y por cuántos dedos son estimulados.

Por último, el evento comenzó cuando Mark Riccobono fue conducido a la pista en la camioneta encabezada, y el congresista John Mica del séptimo distrito de Florída condujo a la pista el coche manejable por los ciegos.

El Presidente Maurer acompañó al congresista Mica, y cuando salieron del coche y el señor Mica le entregó la llave a Mark Riccobono, la adrenalina empezó a fluir y el tan esperado evento estaba a la mano.

En la cabina con Kevan Worley habían dos locutores empleados por Daytona  Speedway, Larry Henry, y Jim Mueller, quienes ayudaron al decirnos lo que  veían a medida que Mark subía al coche, se puso su unidad de conducción, y comprobó la tecnología que estaba a punto de debutar. A medida que Mark  preparó el vehículo para su histórico viaje, Kevan y su equipo de locutores hablaron sobre la diferencia entre un vehículo que conduce al ciego y un vehículo conducido por los ciegos. Kevan explicó claramente la diferencia, pero el asombro de los locutores de Daytona había capturado la fascinación de las personas videntes al pensar que una persona sin ver trataría una conducción segura a través de un slalom de barriles; postes; y, más tarde, cajas arrojadas al azar de la camioneta encabezada.

Cuándo Mark pisó el acelerador y comenzó su recorrido histórico, las  emociones que sentimos se mezclaron. Estábamos contentos de que uno de los nuestros estaba detrás del timón de un coche que habíamos traído a la
existencia, pero al mismo tiempo todos sabíamos que se trataba de una nueva tecnología experimental. ¿Y si fracasaba? Sí, podríamos decirle al mundo que para su debut por primera vez, lo había hecho bastante bien, pero, ¿Qué tomas se mostrarían si Mark rozara un poste o tumbara un barril? ¿Podríamos realmente esperar, y podría el público exigir una carrera perfecta?

A medida que el coche se movía, los Federacionistas en la multitud se debatían entre animar y oír. Los locutores brindaron nuestro punto de vista a medida que el coche progresaba a través de los giros en el arco, y alrededor de obstáculos y, finalmente, llegaron delante de la tribuna, donde la mayoría de nosotros ya no podía contener el rugido dentro de nosotros.

Cuándo la encabezada camioneta comenzó a arrojar las cajas y nuestro coche se movió para evitarlas, el ánimo de otras partes de la pista llegó a nuestros oídos, y la sensación interior de cada uno de nosotros estaba más allá de la capacidad de las palabras para transmitirla.

Cuándo Mark había acelerado pasando el primer vehículo, y cruzó la línea de la meta, la multitud se volvió loca con vivas y aplausos. Todos sabíamos que habíamos sido testigos de algo histórico, y la alegría y el alivio que sentimos había creado un vínculo especial que pocas experiencias en mi vida  han sido capaces de igualar.

Cuándo nos reunimos para la conferencia de prensa, los reporteros de Orlando y de lugares tan lejanos como Tokio, Japón, estaban allí para escuchar a nuestro presidente, al conductor ciego, y a los miembros del equipo de tecnología que han trabajado con nosotros para hacer que todo esto sea posible. La prensa entendió la realización tecnológica y se maravilló de cómo una persona sin vista podía conducir en una pista, y evitar obstáculos fijos y móviles, pero es dudoso que algunos de ellos podían realmente entender lo que este primer paso podría significar para los ciegos en la educación, el empleo y una mayor integración. Al leer los comentarios sobre este evento, está claro que incluso algunos ciegos no ven la importancia de este paso: lo que significa tecnológicamente, y lo que significa para los ciegos en nuestra lucha por redefinir lo que se había pensado que eran limitaciones fijas e inmutables, que serían nuestros compañeros de por vida.

La lucha de los ciegos por guiar nuestros propios vehículos es ni más ni  menos que la lucha de los pilotos de prueba que, cuándo se convirtieron en astronautas, exigieron volar sus naves y se negaron a ser una Lata de Spam. Ellos no estaban contentos con ser meros pasajeros, y estaban convencidos de que, si eso era todo lo que la NASA quería, podrían seguir enviando monos al espacio.

Conducir un coche es un símbolo poderoso, y al final importa muy poco que se tenga una licencia para conducir a la generación doce del vehículo del  conductor ciego, Google 26.2, o algo que nosotros aún no podemos imaginar.

Los escritores de ciencia ficción más populares del siglo pasado no  anticiparon el ordenador personal, el correo electrónico, y el teléfono  celular. Vieron los taxis con la automatización que podría llevar a los  pasajeros sin tener que girar un timón o empujar un acelerador, pero los taxis eran llamados por teléfonos fijos en cabinas telefónicas. Los ciegos no pueden esperar a que les va a ir mejor en predecir el futuro, que a los escritores cuya actividad es tirarnos hacia ese futuro, pero, ciertamente podemos y debemos esperar actuar furtivamente en el presente para hacer frente a problemas como los que encontramos, y buscar arduamente soluciones que algún día podrían consignar los problemas a los libros de historia. ¿Podría este evento haber iniciado el proceso, cambiando nuestro lenguaje para que el término “conductor ciego” pudiera un día moverse de insulto a la declaración de ser un hecho?

Más inmediato que el coche que se puede conducir en las calles y carreteras de nuestra nación es una serie de aplicaciones tecnológicas de espera para soluciones que nuestro trabajo pionero podría abordar. Visitas virtuales se están convirtiendo en populares para los videntes. Si nuestra tecnología puede proporcionar una plataforma que nos deje navegar a través de la realidad virtual, considere las posibilidades que se abrirían para los ciegos. Imagine que fuera capaz de recorrer una casa en venta listada por un agente local de bienes raíces, como las personas con vista a menudo lo hacen ahora. Imagine el utilizar una versión de una unidad de mano de explorar la textura de la alfombra de peluche o la sensación de suavidad, con un viejo suelo de madera. Imagine ser capaz de utilizar los auriculares, entrar en una de las habitaciones, chasquear sus dedos, y al instante conocer su tamaño de la forma en que lo hacemos cuándo visitamos nuevos lugares ahora. Imagínese el ir de safari y retozarse con leones y tigres, sin tener que temer la pérdida de la vida o la integridad física porque desea tocar como ellos corren y juegan.

He tenido más de una sola oportunidad de transmitirles mis impresiones de  nuestro Desafío del Conductor Ciego, Blind Driver Challenge, y para llevar nuestra cobertura a su conclusión, permítame que les dé un enlace directo a la cobertura de audio-video del evento […]. Vean al conductor ciego en acción al ir a <http://tinyurl.com/4qyd2tp> (proporcionado con la ayuda de Blind Bargains).

Para más videos, vaya a <http://www.blinddriverchallenge.org/bdcg/Video_Highlights.asp>.

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  1. El conductor ciego (o la historia del primer auto diseñado para personas con discapacidad visual) « Multitudes

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