En el Día Internacional de la Mujer

Hoy se conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.  Estamos de día. ¡Felicidades! se leerá por muchos lugares.  Habrá homenajes, reconocimientos, desayunos de celebración y quizás algunas reciban flores, tarjetas o chocolates. También habrá quienes se quejen sobre el sentido de este día… y escucharemos decir que el día de la mujer debe ser todos los días, o que por qué no hay un día del hombre. ¿Le suena conocido?

Pero más allá del homenaje o la crítica, vale la pena recordar que esta conmemoración, hace cien años ya,  nace como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora como un reconocimiento a años de movimientos y centenares de protagonistas (muchas veces anónimas e invisibles) que han luchado por la igualdad de género y los derechos de las mujeres.

Y es que claro, ya ha pasado mucho tiempo, y quizás tendemos a olvidar o considerar como un dato más de la historia de la humanidad –construida en general desde una mirada androcéntrica- que durante siglos las mujeres fuimos consideradas seres sin alma, una versión desmejorada de los hombres, e incapaces de manejarnos con autonomía (nos debíamos a nuestros padres y maridos) o participar en asuntos públicos. ¡Cuántos años nos demoramos en poder votar, trabajar, estudiar, decidir, gestionar o liderar!

Y es que claro, los tiempos han cambiado, y hoy estamos lejos de estos dramáticos y extremos escenarios de discriminación e invisibilización. Hoy las mujeres votamos, estudiamos, consumimos, trabajamos, lideramos, presidimos países… dejamos la exclusividad del mundo privado y doméstico, para manejarnos con propiedad y plenas capacidades en lo público… en un escenario de igualdad de género y reconocimiento a nuestros derechos, digno de la sociedad contemporánea del siglo XXI.

¿En igualdad y reconocimiento? ¿En serio? Claramente no, y a pesar de los indiscutibles avances, aún se mantienen espacio de desigualdad y discriminación.

Este 2011, las Naciones Unidas dedicaron este Día Internacional de la Mujer a “La igualdad de acceso a la educación, la capacitación y la ciencia y la tecnología: el camino hacia el trabajo decente para la mujer”. Y este año también, aún nos seguimos enterando de las desigualdades que viven las mujeres en el acceso a ciertos puestos de trabajo o en las remuneraciones. Aún se cree que las mujeres son un problema en las empresas porque “se embarazan”, mismo motivo por el que sus planes de salud son más caros.  Aún vemos cómo muchas deben cumplir doble jornada laboral: en el trabajo y luego en la casa, pues son las encargadas, sin cuestionamientos, del cuidado de la familia y el hogar.  Aún escuchamos –cada vez menos, por suerte- que la incorporación de la mujer al mundo de trabajo ha generado la disolución de la familia, aumentado el número de divorcios y el sentimiento de abandono de sus hijos e hijas. Aún escuchamos comentarios sobre el estilo de vestir, el peinado o los kilos de menos o de más de las políticas. Aún vemos que para vender cerveza, la publicidad “necesita” mujeres en poca ropa. Aún nos enteramos de casos de violencia de género, física, psicológica y simbólica.

Es cierto, no todo es tan negativo, discriminatorio ni machista. Es cierto, la sociedad –al menos la que conocemos y vivimos- ha cambiado, pero la tarea por la igualdad y los derechos de la mujer está lejos darse por terminada.

En un comunicado de prensa difundido con motivo de este 8 de marzo, Michelle Bachelet, ex Presidenta de Chile y actual  Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, organización de la ONU formada recientemente y dedicada a la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, planteaba que “tengo la sospecha de que esas valientes pioneras mirarían al mundo de hoy con una mezcla de orgullo y desilusión. Se han dado progresos notables, ya que en el siglo pasado tuvo lugar una ampliación sin precedentes de los derechos jurídicos de las mujeres. Ciertamente, se puede afirmar que el avance de los derechos de las mujeres es una de las revoluciones sociales más profundas que se hayan visto en el mundo”.

Lo anterior, se complementa con algunos datos: “casi dos de cada tres personas adultas analfabetas son mujeres. Las niñas todavía tienen menos probabilidades de ir a la escuela que los varones. Cada 90 segundos todos los días, una mujer muere durante el embarazo o debido a complicaciones relacionadas con el parto, pese a que tenemos el conocimiento y los recursos para garantizar un parto seguro. (…) En todo el mundo, las mujeres siguen ganando menos que los varones por el mismo trabajo. En numerosos países, además, se enfrentan a la desigualdad en el acceso a la tierra y los derechos a la herencia. Y pese a avances muy positivos, las mujeres todavía ocupan sólo el 19 por ciento de los escaños legislativos, conforman sólo el 8 por ciento de los representantes en las negociaciones de paz y sólo son 28 las mujeres que se desempeñan como jefas de estado o gobierno. (…)La fortaleza, laboriosidad y sabiduría de las mujeres sigue siendo el recurso más desaprovechado de la humanidad. Simplemente no podemos darnos el lujo de esperar otros 100 años para liberar todo ese potencial”.

Así entonces, con el orgullo del camino recorrido por muchas mujeres antes que nosotras, y el compromiso y desafío de asumir la tarea como propia, conmemoramos un nuevo Día Internacional de la mujer… o  de  “las Mujeres” más bien… en plural, pues como todo grupo o colectivo, no somos una, sino muchas y diversas, cada una con su historia, motivaciones, capacidades, intereses, creencias y sueños.  Y esa diversidad, también debe ser parte de nuestros derechos y reivindicaciones.

Por último, quisiera permitirme un comentario muy personal. Mi interés por los temas de género llegó tardíamente a mi vida. Tardíamente también me di cuenta de que las mujeres vivían situaciones de desigualdad y discriminación. Muchas veces me he preguntado el por qué de esta “ignorancia” o “ingenuidad”, y creo que es gracias a las dos mujeres que me criaron: mi Mamá y mi Yaya. Por muchos años, y antes de tener un papá, mi vida se desarrolló junto a ellas. Ninguna se reconocía como feminista, pero me enseñaron el feminismo y la igualdad sin caer en la “guerra de los sexos”. De ellas aprendí que todos teníamos derechos a ser y hacer lo que quisiéramos, de acuerdo a nuestras posibilidades y competencias personales, y no por nuestra condición de hombre o mujer.  Una de ellas, mi Yaya, tiene 93 años y hoy recibirá un homenaje del Servicio Nacional de la Mujer y la municipalidad de Viña del Mar por su aporte a la labor docente de la región, en sus años de profesora normalista. Así que en estas líneas, y desde lejos, me sumo a este homenaje a mi Yaya. Para ella –y como siempre- todo mi cariño y orgullo.

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  1. Ayer se celebró el día internacional de la mujer. « Accions des de BCN.

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