Para ser académico, mejor ser cardenal que ser mujer

* Publicado originalmente en el blog Mujeres de El País.es

 

¿Por qué las mujeres son una minoría tan exigua en las reales academias? Perdonen la pregunta, suena retórica, pero cada vez que una española logra acceder a esos templos del saber cedo a la tentación de hacer recuento, a ver cómo va la presencia femenina en las doctas casas. Y sigue mal. Avanza poco, a trancas y barrancas en el mejor de los casos. En los peores no se mueve ni un ápice o incluso se mantiene en cero. De los 354 miembros de las ocho reales academias que tutela el Instituto de España, sólo 22 son mujeres. El 6,2% de académicas, ergo el 93,8% de académicos varones.

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El domingo tomó posesión la última. En la Española, la madre de todas las academias, leyó su discurso de ingreso la filóloga Inés Fernández-Ordóñez. El español no puede identificarse sin más con el castellano, vino a decir con traje largo y negro a sus nuevos compañeros, vestidos de frac como manda la tradición. Es la primera experta de esta especialidad en una institución que cumplirá tres siglos en 2013, tal como relata Javier Rodríguez Marcos en EL PAÍS. Y la que ocupa uno de los cinco sillones que ahora tienen dueña. La Real Academia Española,Inés Fernández-Ordóñez. Foto de Carlos Rosillo la institución que limpia, fija y da esplendor al idioma amén de gobernar el diccionario (con criterios patriarcales, según las lingüistas feministas) tiene un total de 42 miembros de número. Ellas son el 11,9%, (si se cuenta el académico número 43, que aún no ha ingresado formalmente, bajan al 11,6%). Se trata de una proporción récord, pese a quedar tan lejana de la paridad, en una casa que admitió a la primera académica en 1978. El honor correspondió a la escritora Carmen Conde. Los miembros  habían rechazado antes a María Moliner. Tras las muchas críticas recibidas por su resistencia a admitir mujeres en sus sillones, en los últimos tiempos los padres del idioma parecen dispuestos a fijarse más en las candidatas: justo antes que Fernández-Ordóñez, en 2010, resultó elegida Soledad Puértolas. Los responsables de la casa se apresuraron a detallar entonces que entraba por su méritos, y no por ser mujer. ¿Alguien dudaba de su valía? ¿Habrían dicho algo similiar si el elegido hubiera sido un  hombre? La explicación sonó a excusatio non petita… La crítica por la poca receptividad de la RAE hacia las mujeres había calado.

Al repasar las ocho reales academias más consolidadas, las englobadas en el Instituto de España, que a su vez depende del Ministerio de Educación (mejor no les doy el enlace, está fuera de uso), solo una aventaja a la RAE. Es la de Farmacia. De sus 47 miembros, ocho son mujeres. Es más, entre los últimos tres elegidos, y que aún están pendientes de formalizar el ingreso, figuran dos féminas: Rosa Basante Pol y María Vallet Regi.

A partir de ahí, la cosa empeora. El tercer puesto es para la Real Academia de la Historia: tres académicas y 31 académicos, incluido, sorprendentemente, el cardenal Antonio Cañizares. Otro cardenal, Antonio Rouco Varela, está presente en otra de las academias con escasa presencia femenina, la de Ciencias Morales y Políticas, donde solo hay mujer entre sus 44 miembros, Adela Cortina.

Si una mujer de mérito se ha hecho abogada, lo tiene todavía peor que si es escritora o historiadora. En la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación se sientan 35 caballeros. Y ninguna dama. Una mujer, exclusivamente, figura también entre los 47 miembros de la Real Academia de Medicina. Se trata de María del Carmen Maroto Vela. La de Bellas Artes de San Fernando (61 integrantes, entre ellos dos mujeres pero ninguna entre los últimos cuatro electos) tiene el mismo número de académicas que la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, aunque la proporción (dos mujeres y 44 hombres) es mejor. Por si fuera poco, si restamos del total de académicas aquellas que ocupan sillón en más de una (al menos dos casos), todavía tendremos menos mujeres.

Así las cosas, si se tiene en cuenta el número de cardenales que hay en España (tres en activo, que son los dos citados y Martínez Sistach, y cinco eméritos o jubilados), se comprobará que es más fácil ser académico si se tiene el capelo púrpura que si se nace mujer. A fin de cuentas, de los tres cardenales en activo, solo uno está fuera de estas academias. No vale decir que no hay mujeres con valía. Tampoco vale al 100% argumentar que el cargo de académico es vitalicio, lo que impide avanzar con rapidez (solo a ritmo de necrológica) por  el camino de la paridad en estas entidades de derecho público. Mejor sería poner en tela de juicio los mecanismos de cooptación que, tal como ha descrito la filósofa Amelia Valcárcel, llevan a los hombres a elegir sobre todo entre sus iguales varones sin reparar siquiera en las mujeres. O, mejor todavía, sería hacerse cardenal: es la condición que mejor asegura un sillón de academia. Pero la Iglesia católica tampoco admite mujeres en puestos de mando.

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  1. #1 por Amparo el 22/02/2011 - 19:24

    De acuerdo con todo lo que dice el artículo pero… joder con google que coloque justo después esa publicidad de “ropa para mujer-70%” para seguir con el tópico de las mujeres y los trapitos.¡Las mujeres y la cultura, mejor!

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