El suplicio de Daniel

Por Patricio López

Ha terminado la agonía de Daniel Zamudio. La vigilia de familiares, amigos y de la opinión pública nos dio, como suele suceder con las vigilias dolorosas, el tiempo para reflexionar sobre las causas y el sentido de una muerte tan absurda y horrenda.

Al escuchar el escalofriante relato de la sucesión de torturas y suplicios a los que Daniel fue sometido, se viene a la memoria otra narración, la del “Suplicio de Damiens”, con la cual parte el memorable libro de Foucault Vigilar y Castigar. Ahí se reproducen las crónicas históricas sobre la pavorosa muerte de Robert François Damiens, quien fue sometido a una larga y pública sesión de torturas por haber atentado contra el rey Luis XIV. El poder quería que el castigo fuera ejemplar, que a nadie se le ocurriera seguir su ejemplo.

Daniel Zamudio, en cambio, era inocente. O eso creía él. Su condición sexual resultó insoportable para cuatro jóvenes que demencialmente lo dejaron en el umbral de la muerte. Y aunque masacraron un cuerpo, segaron una vida y destruyeron una familia, no era un individuo contra el que estaban atentando. Su violencia pretendió ser intuitivamente normativa, hacer de la agresión una suerte de ley sin ley y a través de ella reprimir una conducta, una idea, tal como la hacen las dictaduras cuando el pueblo se rebela contra sus imposiciones.

Esa represión contra el cuerpo ocurre cada día y hermana a quienes no son como el Poder quiere. El patrón se repite. Con las mujeres, arrinconadas en la política y menoscabadas en el mundo del trabajo por una hegemonía masculina inmemorial; con las nanas vejadas ayer en Chicureo y hoy en muchas partes; con los peruanos y bolivianos, herederos de una cultura que es el faro de Sudamérica pero que son despreciados por chilenos pequeños e incultos; con los mapuches, que a pesar de las represiones nunca callan y siempre se levantan.

Ellos son los mendigos, malandras, negritos, mulatos, marginales, esclavos evadidos o locos perdidos de los que habla el canto de Chico Buarque. Los que no encajan con la necesidad autoritaria del uniforme, los que a pesar de todo están, y por el solo hecho de estar son subversivos.

Por esta dimensión simbólica es que la muerte de Daniel Zamudio, si bien drama humano, propicia la discusión política sobre la discriminación que por una parte tiñe la sociedad a través de nuestras acciones y, por la otra, es legitimada a través de las leyes. Por ello no es nada de arbitraria, citando la defensa del senador Coloma, el vínculo que naturalmente hizo la ciudadanía entre la muerte de Daniel y la Ley Contra la Discriminación, detenida por un grupo de parlamentarios oficialistas que le quitaron el piso a su propio gobierno.

No es que se culpe a estos senadores de un crimen tan horrendo. Pero su negativa nacida de la intolerancia con la diferencia es un punto de partida que, en el otro extremo, se expresa en agresiones desquiciadas como la que ahora nos conmueve.

A sabiendas de hasta donde se puede llegar, los senadores que se oponen a la ley tienen la oportunidad y la obligación de cortar ese hilo. De no avalar por omisión el odio “contra personas o colectividades en función de raza, sexo, religión o nacionalidad”. La palabra, entonces, es de los senadores Francisco Chahuán, Juan Antonio Coloma, José García Ruminot, Alejandro García- Huidobro, Carlos Kuschel, Carlos Larraín, Jovino Novoa, Jaime Orpis, Víctor Pérez, Baldo Prokurica, Hosaín Sabag, Gonzalo Uriarte y Ena Von Baer.

La tarea también atañe a quienes se presumen en la vereda del frente. Porque tal como hay actos revolucionarios teatrales, también los hay de los otros, íntimos. Uno de ellos es problematizar los propios prejuicios y avanzar sobre ellos. Es la guerrilla interior de la que habla Matta, el combate contra el fascismo que todos llevamos dentro. De allí, probablemente, nacerá una sociedad más genuinamente mejor que aquella invocada por los grandes discursos.

* Publicado en el sitio web de Radio Universidad de Chile

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¿Qué es lo natural?

Es un argumento reiterado hasta el cansancio en cualquier discusión o reflexión sobre homosexualidad o lesbianismo, y más aún, cuando el tema central tiene que ver con su normalización social y, por consecuencia, son la legitimación de derechos como el matrimonio o formar una familia: “Es que no es natural”.

Y así, utilizando a la naturaleza como paladín, pareciera que todo queda saldado.

Pero,  ¿qué es lo “natural”?.

Luego podemos  plantearnos la discusión sobre lo natural y lo cultural, por ahora, no quería dejar pasar esta imagen que una amiga publicó en mi muro de Facebook, y que encabeza este post..  He tratado de seguirle la pista, y parece que la tomó de la página de Fb  de “Love-Knows-No-Gender”, así que ahí daremos los créditos.

Transcripción en inglés:

“Homosexuality is found in over 450 species. Homophobia is found in only one. Which one seems unnatural now?”

Traducción al castellano:

“La homosexualidad se ha encontrado en más de 450 especies. La homofobia sólo en una. ¿Cuál parece antinatural ahora?”

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Alguien me está dejando ciego por segunda vez

 Por Claudio Gregoire

Cuando quedé ciego, hace ya mucho tiempo, una de las primeras reacciones que tuve fue el preguntarme por qué a mí me estaba pasando esto.

Según yo, era injusto, ya que a mis 17 años nunca había hecho algo tan grave en contra de nadie que me hiciese merecedor de una cosa así.

Mi segunda reacción fue apelar a todas las creencias conocidas para que algo -o alguien- me explicara el tan buscado por qué… Pero nada.

Luego de unos meses, caí en que la naturaleza, sin motivos aparentes, suele descuidar a uno de los suyos dejando alguna mutación o enfermedad que le jode la vida. En fin, suena mal decirlo, pero la cosa es así: te jode la vida.

Como el ser humano es un animal de costumbre, muchos discapacitados nos vamos adecuando y acostumbrando a nuestra nueva situación. Y con el tiempo, más mucho esfuerzo, hacemos una vida lo más normal posible. Si, lo más normal posible.

Así –y repito: con el tiempo y mucho esfuerzo- la cosa camina, y podemos tener una vida y rutina adaptada a nuestras posibilidades.

Sin embargo, en esta “normalidad” hay un tema que me preocupa. Y es que  hoy como sociedad, y quizás sin darnos cuenta, hemos llegado a un punto en que el hombre ya no sólo se quiere parecer a dios o la naturaleza en su afán creador, sino que también cometiendo los mismos errores.

Y el ejemplo que lo grafica, es totalmente cotidiano.

Usted no tiene porqué saberlo, pero la tecnología, la misma que usted usa a diario, no es accesible ni usable para todos. ¿Lo había pensado? Pues así es: ni su televisor, computador, teléfono móvil, refrigerador, equipo de radio, lavadora, horno microondas, ascensor, cajero automático o lo que usted se pueda imaginar, puede ser usado por todos.  Pero lo interesante, es que sólo con algunos pequeños cambios, y no tan costosos, sí lo podrían ser. Ejemplos hay algunos, pero no es a lo que me quiero referir hoy (lo dejamos pendiente para otro post)

Precisamente el avance de las tecnologías ha llevado a la sociedad a una nueva era. Y  junto a ella, en mi opinión, el mundo de los discapacitados también ha cambiado, por lo que podríamos hablar también de una nueva era de la discapacidad: la 2.0.

Hace 20 años, cuando quedé ciego, no sabía ni encontré a nadie para expresarle toda la rabia con lo que me estaba pasando. Nadie quien me pudiera dar una respuesta para saber en que fallé, o por qué a mí me tenía que pasar esto. En esa época nadie ni nada se hizo responsable. Pero hoy la cosa es muy distinta.

Si, muy distinta porque hoy sé perfectamente a quien culpar. A qué personas, a qué políticos, a qué empresas, a qué países… hoy le puedo poner nombre y cara a quién me está dejando a mí y a millones de personas, nuevamente ciego y al margen del mundo. Y esta vez no me voy a callar.

Lo malo es que soy uno solo…  bueno, con los discapacitados del mundo podemos ser millones… pero no alcanzamos la relevancia para que estas personas, políticos, empresas y países nos escuchen.

Sé que esto le puede parecer lejano y fuera de sus necesidades. Pero piense en algo que escuché una vez y me hizo mucho sentido: tal vez ahora usted y los suyos no tengan ninguna discapacidad, y me alegro por eso, pero todos -cual más cual menos- cuando envejecemos tendremos una: o baja visión, o baja audición, o problemas en las piernas, o alguna parte de nuestro cuerpo nos impedirá hacer una vida normal. Sólo entonces, se dará cuenta que por barreras arquitectónicas no podrá entrar a ciertos edificios, restaurantes, paseos. O que por barreras tecnológicas no podrá usar su teléfono móvil, ni computadora, ni lavadora, ni escuchar la televisión, ni muchas cosas más y tal vez ya sea demasiado tarde.

Por eso quise escribir esta columna, para pedirle a usted, y a todos los que conoce, su ayuda, y hágalo pensando que se está extendiendo un cheque a largo plazo.

Mi idea es muy sencilla, pues no le voy a pedir lo lógico que sería que usted no comprara tecnología que no es accesible. No estoy tan loco como para pedirle eso. Pero sí le puedo pedir que si usted está en alguna red social, ponga un enlace sobre este tema, sobre la accesibilidad de la tecnología, que no es otra cosa, que la posibilidad de integrarnos, todos, a la vida del mundo actual.

Por ejemplo en twitter: #quierotecnologiasaccesibles… o en su blog, o en facebook puede poner un enlace a este artículo. O mejor aún: podría enviarle este artículo a un político o empresario conocido, a un medio de comunicación, a fundaciones… o como a usted se le ocurra… la cosa es que pueda ayudar.

No quiero que me dejen ciego por segunda vez. No quiero perderme todo el nuevo mundo. No quiero dejar de ser parte. Por eso pido su ayuda. Desde ya, mil gracias… y sé que usted, algún día, también lo valorará.

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Cultura por tacto y oído

Hace unos años, y gracias al lanzamiento del libro de Claudio, “Puede ser un buen día”, conocimos Barcelona por primera vez. El viaje duró una semana, días en que junto a las actividades de promoción de Claudio, tuvimos tiempo para hacer algo de turismo… ¡obviamente! En este periplo turístico, y junto a los imperdibles de la ciudad, visitamos la Fundación Miró, donde hay una muestra permanente del artista español.

Más allá de la impresión que me causaron las obras de Miró –que me encanta- esta visita siempre la he recordado como mi primera aproximación a lo que hoy podría definir como “cultura accesible”.  Ese día, al pasar por la taquilla de pago, la encargada se acercó a Claudio y le ofreció un par de guantes blancos, sumados a una sencilla explicación: “si al ser ciego no puedes ver las obras, entonces puedes tocarlas”. Y así fue como Claudio, con sus guantes blancos, conoció, por tacto, las esculturas y tapices de Joan Miró.

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Una de esas raras historias con final feliz

Por Juan Carlos Rivera,  periodista

Esta historia la hemos escuchado mil veces: un deportista clasifica a un torneo internacional y no tiene el dinero para viajar, así que termina lamentándose en su casa, quejándose por la falta de oportunidades, la indiferencia de las empresas y la burocracia del Estado. Y con pocas ganas de seguir dedicado al deporte, claro. Esta vez fue distinto. Hubo un final feliz. Un tenista viñamarino clasificó a los Juegos Mundiales de Verano de Olimpiadas Especiales, su colegio hizo una tremenda campaña para financiarle el viaje, finalmente tomó el avión a Grecia, jugó, ganó dos medallas de oro y volvió. Feliz de la vida.

El protagonista es Cristián Gallardo, un niño de 13 años que sufre una discapacidad intelectual y que es alumno del curso Laboral 1 en el colegio Los Fresnos de Viña del Mar. Este establecimiento inició el 2010 un taller de tenis donde Cristián resultó ser uno de los chicos más destacados. Fue así como en marzo jugó un clasificatorio para los Juegos Mundiales que se disputarían en Atenas. Ganó el cupo, pero debía reunir casi un millón y medio de pesos que su familia obviamente no tenía. Ahí apareció el empuje de sus profesoras, que empezaron a golpear puertas sin importar que muchas no se abrieran nunca.

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Exponen en el Congreso en Chile Galería de Relieves Escultóricos para personas con discapacidad visual

Exposición para no videntes

Una singular exposición se presentará en la Cámara de Diputados. Se trata de una Galería  de Relieves Escultóricos para personas con ceguera o discapacidad visual.

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El amor en la discapacidad

Por Claudio Gregoire

Podría comenzar esta columna escribiendo sobre teorías sociológicas del amor y como los seres humanos escogemos pareja. Escribir sobre aquel macho alfa, dominador, poderoso y jefe de la manada que es preferido por las mujeres, ya que les da seguridad y buenas proyecciones. O de aquella mujer hermosa, de buen cuerpo que es sinónimo de fertilidad y buen sexo que vuelve loco a los hombres.  Pero en fin… sería una más de las miles de teorías –unas más discutibles que otras-, que tratan de explicar un fenómeno sin lograr aún ponerse de acuerdo. Por ello, prefiero comenzar esta columna no entregando respuestas, sino más bien haciendo preguntas.

¡Acá voy! Y por favor, tómese algunos segundos antes de responder. ¿Cuántas parejas con algún grado de discapacidad ha tenido en su vida? Lo más probable es que ninguna, por lo que saliéndome del tema del amor de pareja, y ampliando el concepto al amor de amistad le pregunto: ¿cuántos amigos ha tenido en su vida que posean alguna discapacidad?

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